“Ninguna máquina puede hacer el trabajo de una persona extraordinaria”, lo decía el escritor y filósofo estadounidense Elbert Green Hubbard, y lo sabemos bien nosotros que, en 50 años, nos hemos convertido en un caso de éxito precisamente gracias a nuestra gente.
Competentes, apasionados, geniales, éticos, precisos, generosos y llenos de entusiasmo, las personas de SDI son nuestro mayor patrimonio.